El Tiempo Pasa

El tiempo pasa

Unos pocos días atrás se cumplieron seis meses de mi accidente y la posterior cirugía traumatológica ortopédica con implantes. Seis meses. Meses de terapia de rehabilitación fisio-kinesiológica, trabajo de recuperación de la funcionalidad y del movimiento.
A partir del accidente durante la práctica de Aikido, el momento en que todo parecía peor y sin embargo el brazo sigue ahí, se está recuperando y la funcionalidad y el movimiento mejoran poco a poco. La rehabilitación continúa y queda todo un camino por delante.
No sé si algún día volveré a la práctica de Aikido. Por ahora puedo sostener el iaito y simular que completo un kata, lo que me da esperanzas que podré regresar a la práctica de Iaido.
En contra de toda expectativa el accidente no me generó ningún tipo de rencor, miedo ni aprehensión hacia la práctica. Me dio la oportunidad del disfrute de la amistad y la gratitud del afecto intacto. Volví a pisar el tatami, he retomado el contacto con la práctica mediante el mitori geiko. La pasión y el disfrute siguen intactos. Ahí en un presente atemporal, ni antes ni después. Como si se tratara de un horizonte en perpetua fuga, inalcanzable. En búsqueda de la eternidad del instante.
Y soy consciente que ya nada es igual. Yo cambié. No soy quien solía ser. Desde el accidente todo cambió, para siempre. Y, así y todo, nada parece diferente. Como el mismo proceso de rehabilitación lentamente se despliega otra realidad, otra sensibilidad. En sueños piso el tatami y todo fluye. Los dolores de las tendinitis y las contracturas profundas me despiertan. Vuelvo a dormir y el sueño me trae el susurro del movimiento, el sonido sibilante del desplazamiento. El paquete de nervios se presionan y mis dedos se mueven involuntariamente, atravesándome una corriente de electricidad que me sacude ligeramente. Me río en complicidad con mis propios sueños. Sigo practicando pese a las armas rotas.
Dolores, lágrimas, molestias, la memoria del estallido. Momentos de tensión y la imposibilidad de saber qué sucedería después. El instante en que tan solo restan dos opciones: dejarlo todo ahí tal como se presenta o comenzar a realizar todo el esfuerzo y la concentración necesaria para la recuperación. Ignorando si habrá éxito. Pero, entonces ¿qué queda por hacer? Levantarte cada día, realizar el esfuerzo y no esperar nada. No generar expectativas. Ayer todo pasaba por el intento de sostener el tenedor y ver que dejabas la mayor parte de tu comida sobre el mantel, mañana tienes que ser capaz de levantar un peso de dos kilos y sostenerlo por sobre tu cabeza.
Seis meses en que se aprende. Un tiempo durante el cual descubres que todo es nuevo y diferente aunque no lo parezca.
Queda mucho por hacer. Aunque hoy sueñe con la práctica, con el placer del movimiento y la libertad de la conexión, sigo cada día en este sendero de rehabilitación física, moviéndome, realizando esfuerzos y siguiendo ese horizonte infinito, siempre en fuga. Pese a las armas rotas este sendero es también parte de mi Camino.
Seis meses. Los primeros seis meses del resto de este nuevo sendero en mi Camino.
El tiempo pasa por aquí y ahora.

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